El Consejo Internacional de las Culturas Taurinas hace balance en Las Ventas tras dos años de defensa global de la tauromaquia
NATALIA PESCADOR
La Sala Antonio Bienvenida de la plaza de toros de Las Ventas acogió este 26 de mayo el balance de actividades del Consejo Internacional de las Culturas Taurinas (CICULT), organismo que reúne a las principales asociaciones taurinas de ocho países y que, bajo el lema “Dos años de brega y solidaridad”, presentó un diagnóstico profundo sobre la situación actual de la tauromaquia en el mundo hispano y europeo.
Más que un acto protocolario, la reunión se convirtió en una radiografía internacional de una tradición cultural que atraviesa presiones políticas, judiciales, económicas y mediáticas, pero que también encuentra nuevos espacios de resistencia, crecimiento y cohesión.
El encuentro estuvo encabezado por Victorino Martín, una de las voces más influyentes del sector taurino europeo, quien insistió en que la defensa de la tauromaquia pasa hoy por la unidad internacional y la capacidad de adaptación frente a un escenario hostil.
“Vivimos una competencia feroz en
los medios y debemos saber encontrar nuestro hueco”, señaló. Su mensaje giró alrededor de una idea central: la tauromaquia sólo podrá sobrevivir si actúa de manera coordinada y entiende que la batalla contemporánea ya no es únicamente cultural, sino también comunicativa y jurídica.
“Sigamos trabajando por un bien común. Juntos seremos más fuertes”, resumió.
De reuniones virtuales en pandemia a una estructura internacional
El mexicano Manuel Sescosse explicó cómo nació esta alianza internacional. Recordó que las organizaciones comenzaron a reunirse durante la pandemia a través de encuentros mensuales por Zoom, hasta formalizar hace dos años una asociación jurídica internacional.
El CICULT agrupa actualmente a ocho organizaciones: Fundación Toro de Lidia (España), Protoiro (Portugal), Observatoire National des Cultures Taurines (Francia), Tauromaquia Mexicana, Corporación Libertad Cultural (Colombia), Asociación Cultural Taurina del Perú, UNETE (Ecuador) y la Asociación Venezolana de Tauromaquia.
Sescosse planteó una de las preguntas más repetidas durante la jornada: cómo comunicar la tauromaquia hacia el exterior en un contexto global donde el discurso animalista y las campañas antitaurinas han ganado terreno político y mediático.
“Aciertos y errores”, dijo, deben revisarse para entender por qué la tauromaquia “le pertenece a los pueblos” y por qué debe expandirse y defenderse como expresión cultural.
La batalla jurídica y política: el gran frente contemporáneo
Uno de los temas dominantes del encuentro fue la judicialización de la tauromaquia en distintos países.
México apareció como uno de los casos paradigmáticos. Manuel Sescosse recordó que en el país se han frenado 47 intentos legislativos o administrativos contra la fiesta y actualmente se defienden 35 amparos judiciales vinculados con la tauromaquia.
El dirigente mexicano también destacó el peso histórico y social de la fiesta en el país, especialmente ahora que se aproximan los 500 años de la tauromaquia en México. Según explicó, existen más de 900 presidentes municipales vinculados a comunidades taurinas y 23 capítulos organizativos dedicados a la defensa institucional del sector.
Sin embargo, el caso que generó mayor preocupación fue Colombia.
Juan Carlos Gómez describió el panorama colombiano como “el más negativo” de todos los países representados.
“Llevamos veinte años de discusiones en todos los niveles”, explicó, en referencia al prolongado enfrentamiento político y judicial alrededor de la tauromaquia.
Aunque recordó que la Feria de Manizales fue declarada patrimonio cultural, reconoció que el sector atraviesa uno de sus momentos más delicados. La esperanza, dijo, está puesta en el próximo Senado y en las futuras elecciones nacionales, además de la posibilidad de revertir decisiones una vez se conozca el fallo definitivo de la Corte Constitucional.
Francia y Portugal: la defensa cultural frente al discurso animalista
Desde Portugal intervino Francisco Macedo, quien abordó la creciente presión de los movimientos internacionales de bienestar animal.
El análisis portugués apuntó directamente a una de las discusiones centrales del presente taurino: la imposibilidad —según los defensores de la fiesta— de aplicar criterios universales de bienestar animal sin considerar la especificidad del toro bravo.
“Los discursos globales no toman en cuenta la condición única del toro de lidia”, se argumentó durante la mesa.
También se abordó la situación francesa, marcada recientemente por intentos de prohibición en ciudades como Burdeos y por debates legislativos relacionados con menores de edad. Los representantes franceses defendieron el respeto a la diversidad cultural y celebraron algunas victorias parlamentarias recientes, especialmente en el Senado francés.
Perú: el país donde la afición crece
Uno de los contrastes más llamativos del encuentro fue Perú.
Pablo Gómez Debarbieri ofreció un panorama marcadamente optimista. Aseguró que la afición peruana se ha triplicado y que el país vive actualmente más festejos taurinos que nunca.
Relató además la reciente batalla jurídica para impedir que la municipalidad de Lima prohibiera las corridas en Acho y subrayó que Perú se mantiene como “la única capital americana donde los toros se celebran sin problemas”.
El dirigente peruano aseguró que cada año se construyen entre seis y diez plazas nuevas y anunció incluso una nueva plaza para Lima con capacidad para diez mil aficionados.
Más allá de las cifras, el caso peruano revela un fenómeno sociológico relevante: la tauromaquia como espectáculo familiar y popular, con fuerte arraigo intergeneracional.
Paradójicamente, el crecimiento ha generado otro problema: faltan toros.
“Hay más festejos que toros disponibles”, explicó, señalando que Perú incluso está importando ganado bravo desde España debido a la alta demanda.
Ecuador y Venezuela: resistencias distintas
Desde Ecuador, Santiago Aguilar habló de una realidad compleja, marcada por restricciones parciales, especialmente en Quito, donde las corridas continúan pero sin muerte del toro.
También mencionó la discusión sobre la prohibición de menores de edad, aunque recordó que en los Andes ecuatorianos los jóvenes sí pueden asistir a los festejos.
En Venezuela, en cambio, el problema ya no es jurídico sino estructural.
Los representantes venezolanos reconocieron que actualmente no existe un riesgo político inmediato contra la tauromaquia, pero sí una profunda crisis económica y ganadera.
Las plazas permanecen parcialmente paralizadas y existe una fuerte escasez de toros bravos, lo que impide organizar temporadas extensas como en décadas anteriores. Importar ganado resulta demasiado costoso y el futuro inmediato depende, según reconocieron, de una eventual estabilización económica y política del país.
Una cultura en estado de resistencia
Más allá de los matices nacionales, el encuentro dejó clara una conclusión: la tauromaquia se percibe hoy a sí misma como una cultura en resistencia.
Los representantes coincidieron en que “el peligro existe” y que “el enemigo no duerme”, en referencia al avance internacional de movimientos abolicionistas y a la presión política sobre gobiernos y parlamentos.
Pero también hubo un mensaje de cohesión internacional inédita.
El CICULT nació precisamente para convertir luchas locales en una estrategia global compartida. La idea de “solidaridad” apareció constantemente durante toda la jornada: compartir herramientas jurídicas, experiencias políticas, estrategias de comunicación y modelos de defensa cultural.
En el fondo, el evento de Las Ventas evidenció que la batalla taurina contemporánea ya no se libra únicamente en las plazas, sino en tribunales, congresos, medios de comunicación y redes sociales.
Y quizás por eso la frase final de la jornada terminó condensando el espíritu completo del encuentro:
“Hay que resistir porque nos asiste la razón.”











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